7 de febrero de 2019

Esta es la emocionante historia de Andrea y Valentino Tavella, y como un sueño difícil de cumplir con un tandem y mucho coraje se pudo hacer realidad.

Había una vez………No………Una vez no, muchas veces, muchos intentos, algunos con resultados positivos y otros no tanto, pero siempre intentándolo.

Mi nombre es Andrea, y soy la mamá de Valentino, y junto con su papá Aníbal solemos irnos de vacaciones en carpa hacia el sur, más específicamente hacia Neuquén. Como a ellos les gusta más el mar, nos vamos turnando, algunos veranos al sur, otros al mar.

Valentino fue diagnosticado a los dos años y medio con TEA (Trastorno del espectro Autista), una patología crónica, cuyo tratamiento es multidisciplinario, basado principalmente en la estimulación continua de varias áreas.

Hace tres años viajamos a San Martín de los Andes, y como es muy común solemos hablar con la gente que acampa alrededor. En esa oportunidad tres jóvenes habían alquilado unas bicicletas y se disponían a hacer la ruta de los Siete Lagos desde San Martín de los Andes para luego entregarlas en Villa La Angostura, trasladándose con un carro en cada bici en la que llevaban la carpa y todo lo necesario para comer y dormir.

Después de conversar con ellos, volví diciendo: “yo lo tengo que hacer algún día”.

Hace dos años fue el cumple de Valen. Siempre se nos presenta la dificultad, como papás, de qué regalarle sabiendo que sus intereses son escasos.

Conocíamos a Juan y a Santi y sabíamos de la adquisición del tándem. Valen andaba en bici, pero solo con rueditas, al intentar sin ellas saltaba de la bici cuando veía que perdía el equilibrio.

Después de analizarlo, llamamos a Juan y le preguntamos dónde había comprado el tándem. Nos indicó, y sus palabras fueron: “es el mejor regalo que le vas a hacer”. Más me convenció, y con Aníbal fuimos para allá a encargarla, para luego comprarla.

Así empezaron nuestras salidas, primero por el barrio, para luego largarnos por otros lugares. La primera salida larga que hicimos fue, la marea azul, un dos de abril. Fue tan emocionante que los tres volvimos temblando, yo quería contarle a todo el mundo lo que había logrado con Valen, mientras Aníbal nos hacía el apoyo desde la camioneta.

El año pasado ya me había decidido, nos tocaba ir al sur, y esta vez con la bici. Tenía que hacer la ruta, pero no sola como lo había pensado aquella vez, sino con Valen.

El primer problema que se nos presentó, fue cómo trasladarla, teníamos un auto chico y el tándem mide 2,10 mts. No podíamos. Todo el año pensando y trabajando duro para poder cambiarlo y así fue!! Pudimos hacerlo!!.

Después de lograrlo, tuvimos que armar un dispositivo para llevarla en el techo. Para lo cual Aníbal lo diseñó y la llevamos.

El 12 de enero salimos los tres y el tándem, que ya forma parte de la familia, para La Angostura.

Al día siguiente de llegar, descansar y armar la carpa empezó nuestro recorrido. Si bien hay tramos en la ruta que son peligrosos por las curvas, subidas y contra curvas que tiene, les puedo asegurar que fue maravilloso.  Poder compartir esta actividad con mi hijo es algo difícil de describir, a pesar que en distintos tramos lo hice bajar por el tránsito que por ahí circula, es emocionante escucharlo describir lo que ve mientras pedalea.

No les voy a decir que fue simple, desde los preparativos, hasta llegar a pedalear desde Villa La Angostura hasta el Lago Falkner, pero poder compartir esto en familia, parar y ver esos paisajes espectaculares que se presentan, disfrutar de esos lagos entre montañas, el silencio de la naturaleza, almorzar, sacar fotos, cruzarnos con gente que también recorría la ruta en bici y que sin conocernos nos daba ánimo y nos decía: “fuerza”, es incomparable. No importaba la cantidad de kilómetros, ni el tiempo, solo importaba lograrlo y disfrutarlo

Incorporar el tándem, fue incorporar otra actividad para poder compartir con Valentino, eso fue para nosotros lo más importante.

Volvimos muy felices!!!! Ahora a programar la próxima aventura en tándem!!!!!!!!!